AlMaBox Servicios Informáticos." /> DERECHO A SER INFORMADO, OBLIGACION DE PARTICIPAR. DERECHO A DECIDIR ESPACIOS PUBLICOS Y PARTICIPACION CIUDADANA. Tres plazas emblemáticas de Herrera. – ortizbenjumea

DERECHO A SER INFORMADO, OBLIGACION DE PARTICIPAR. DERECHO A DECIDIR

ESPACIOS PUBLICOS Y PARTICIPACION CIUDADANA.

Tres plazas emblemáticas de Herrera.

 

Una comunidad local con fuerte identidad cultural es una comunidad proactiva con capacidad para desarrollar una estrategia de desarrollo territorial. Los pueblos sin identidad están condenados al subdesarrollo, a la desaparición como pueblo.

Este artículo debe de ser de considerado como un punto de partida, una excusa para intentar recuperar nuestra identidad cultural, la historia sentimental de algunas de nuestras plazas y parques, que forma parte del patrimonio cultural de Herrera. No es un trabajo definitivo sobre este tema, las reflexiones y las aportaciones del resto de herrereños con sus recuerdos, sacudiendo su memoria, desempolvando las fotografías de estos lugares ha de ser parte importante de todo este proceso.

A este articulo le falta muchas aportaciones, (la tuya como herrrereño es importante, ¡! qué esperas¡¡), le falta las precisiones de los historiadores y cronistas locales, para fijar fechas y aportar datos de la época, rectificar los abundantes errores que este modesto trabajo contiene. Le falta que desempolvemos en definitiva nuestros recuerdos, ligados a nuestra niñez y madurez, le falta tu aportación, tu visón personal.

El proceso ideal podría ser montar tres exposiciones paralelas sobre estos espacios, o quizás una sola , con las aportaciones de los vecinos, para que entre todos reconstruyamos nuestra historia, reflexionado sobre estos espacios públicos y sobre el diseño urbanístico de nuestra localidad. Exposiciones que podrían ser montadas en edificios públicos o privados ubicados en el entorno de estas plazas, donde los ciudadanos expongan públicamente sus aportaciones y reflexiones, en un foro público, en el ágora. A partir de este momento entre todos hemos elaborado un documento base sobre estos espacios.

Todo esto ha de servir para dinamizar una comunidad a veces preocupantemente dormida y pasiva, para reconstruir la historia de estos espacios públicos, en definitiva recuperar nuestra identidad como pueblo, nuestra historia. Donde la dialéctica, donde la discusión no ha de ser un motivo de enfrentamiento sino todo lo contrario un instrumento de acercamiento, y de compromiso real con nuestra localidad, con Herrera-

El arte, y la arquitectura como tal, no es algo aséptico o puro, donde lo estético es el elemento fundamental. Toda obra de arte lleva implícita por definición cierta carga ideológica, reproduciendo inconscientemente o no, los valores culturales de una clase social, normalmente la clase dominante, reforzando y defendiendo mediante su lenguaje estético el orden estableciendo, presentándolo como inmutable y único. Como apuntábamos en otro trabajo (Cuadernos de la Estepa Monumental 2000), siguiendo las aportaciones de Nicos Hadjinicolaou o Arnold Hauser, toda corriente artística es reflejo de una concepción ideológica de una clase social, que utiliza toda manifestación artística, como instrumento para divulgar sus creencias, su concepción sobre el orden sobrenatural, que a su vez se reproduce en la estructura social. “ La esencia de la definición de las formas ideológicas es la de enmascaramiento. Oscurecer o velar el significado real de las situaciones sociales en virtud de enunciados intelectuales, que reflejan y disimulan, a la vez, dichas situaciones en definitiva” (Gonzalo Puente Ojeda). Todas las ideologías elaboran complejos instrumentos intelectuales que justifican el statu quo. Toda manifestación artística en un momento concreto, la arquitectura como tal también, utiliza inconscientemente una serie de conceptos, de signos y elementos constructivos que reflejan la concepción ideológica del autor o promotor de la actuación artística o urbanística.

En este artículo vamos a analizar tres plazas herrereñas emblemáticas, que se encuentran en el mismo eje urbano norte sur: Plaza de España, Plaza de Andalucía y Virgen de los Dolores, la primera mencionada es la más antigua cronológicamente, y la última la más reciente de las tres, siendo esta la que se mantiene más fiel al diseño original y primitivo. Las tres plazas y el entorno en que se encuadran tienen muchos elementos comunes, pero también se caracterizan por infligirse en su entorno en el que están encuadradas las normas urbanísticas, saltarse las leyes, donde los intereses particulares priman siempre sobre los colectivos. La administración pública municipal, los particulares próximos al poder político son los primeros en saltarse la normativa establecida, que rigen para el resto de los vecinos, sacando provecho nada éticos.

Estas tres plazas están llenas de recuerdos, forman parte de nuestra memoria individual y colectiva, son parte de nuestro patrimonio material e inmaterial. Cuantos herrereños hemos corrido por ellas, cuando momentos de tertulia, cuantos besos robados, cuantas calurosas noches de verano, cuantas semanas santas esperando “ el prendimiento”. Las plazas, los paseítos forman parte de nuestra vida, de nuestros mejores recuerdos, toda actuación urbanística sobre ellas es polémica, no nos puede dejar indiferente., ya que como hemos apuntados estos espacios forman parte de nuestra memoria colectiva.

Las plazas castellanas, los parques, los salones como se le denomina en las agro ciudades del interior andaluz, como es el caso de Osuna, Ecija o Estepa, o “los paseítos” como se conoce popularmente en Herrera, han cumplido siempre una función social. Estos espacios son lugar de encuentro de parejas, donde se iniciaba en el rito del galanteo, de tranquila conversación de los mayores y vecinos, de juego bullicioso de los más pequeños, mentidero de rumores. Son definitiva uno de los espacios públicos más importante de una ciudad, por el hecho de ser públicos, por su dimensión, y también por ser el lugar elegido para la celebración de ciertos acontecimientos, culturales, festivos, religiosos e institucionales más significativos en el calendario anual, reflejando en cierta medida el pulso de nuestros pueblos.

En la terminología de la Unión Europea, y en concreto en la Carta de Leipzig (2007) se denomina a las plazas, (o paseítos en la jerga herrereña), espacios públicos de convivencia, también espacios públicos de alta calidad.

Las plazas se pueden generar a posteriori por un ensanchamiento urbanístico lo que lleva implícito la demolición de algunas viviendas para crear este espacio más amplio de convivencia; pueden ser resultado de la confluencia de la trama urbana donde el viario muere o parte. Otras son resultado de una intervención urbanística concreta y diseñada previamente, se parte de un proyecto arquitectónico y urbanístico en el papel que después se plasma en el espacio.

Plaza y centralidad: poder político, prestigio social. Por otro lado la proyección de una plaza y el diseño de la misma intentan reforzar la imagen de un edificio emblemático, una iglesia, la casa consistorial, o una casa solariega. Las plazas principales refuerzan y condicionan la centralidad urbana, donde se ubican las principales funciones terciarias de la ciudad, el poder económico y social, en su entorno suelen vivir originariamente la clase social de más “prestigio”. En estas plazas centrales y emblemáticas es donde el político, el alcalde de turno se afana para dejar constancia de su paso por el ayuntamiento, pretendiendo que quede en la memoria de los ciudadanos votantes como ejemplo de su buen gobierno y buen hacer. En definitiva el político busca, al intervenir en las plazas más emblemáticas o al proyectarlas, la inmortalidad, lo que en la Roma clásica se definía como la gloria, el reconocimiento en definitiva.

Tradicionalmente son en principio escasas las plazas existentes fuera de esta zona de centralidad, y las pocas existentes tienen un papel mucho más secundario, apenas son atendidas por los poderes políticos municipales, donde la falta de equipamiento urbano, el abandono y la suciedad suele algo más común, que las otras plazas centrales, mucho más cuidadas y atendidas. Pero la centralidad es algo coyuntural y temporal, la expansión urbanística puede generar nuevos espacios de convivencia, surgiendo parques o paseítos que cuestionan la centralidad antigua, hasta que la desbanca y la sustituye. La plaza de la Iglesia en Herrera, donde convivía Ayuntamiento y la parroquia de Santiago El Mayor perdió su centralidad primero por “el mercadillo” a escasos metros de la misma plaza, y más tarde definitivamente a favor de la actual plaza de España, al salvarse el arroyo conocido popularmente como Hondo o Pilancón, como se denomina en la cartografía, mediante la construcción de modestos puentes y su canalización definitiva. La centralidad se desplazó por tanto a la actual Plaza de España, donde convivían en su momento Ermita, Casa del Curato, la Casa del Álamo, donde se vendía el agua potable en cantaros y en “pipas”, el Cuartel de la Guardia Civil, la “Cruz de los Caídos” como consigna y sello ideológico de una época concreta,la casa del Alcalde, la única entidad bancaria local y una serie de caserones emblemáticos de agricultores con medianas y grandes propiedades rústicas, que se construyeron a mediados de la década de los cincuenta del siglo XX. Nunca tanto poder en tan poco espacio.

Lo que sucedió a la Plaza de la Iglesia ubicada en el “Barribalto”, la más antigua y la primitiva plaza de la localidad, la perdida de centralidad y funcionalidad se puede volver a repetir, en la actualidad con la Plaza de España, ya se ha iniciado el proceso con la aparición de nuevos espacios urbanos que pueden, o están cuestionando la actual centralidad de dicha Plaza. La pérdida de centralidad de un espacio urbano viene acompañada por la degradación paulatina del entorno y del caserío, el envejecimiento de los residentes, abundando las casas deshabitadas.

Mientras las plazas de la periferia han conservado su nombre tradicional, las del centro de la urbe han sido siempre codiciadas por los poderes políticos y han sufrido a lo largo de su historia mudanzas en la denominación oficial, bautizándolas con el nombre de un glorioso militar, estadista o político. Capricho momentáneo de los que han detentado el poder político en un momento concreto. Tanta mudanza en la denominación de las mismas, lleva a confusión, lo que no ha hecho más que reafirmar el nombre por el cual dicha plaza es conocida popularmente, a pesar del empeño del devenir político e histórico de apropiarse de la misma.

Espacios acogedores y de convivecia.Para cumplir las plazas la función social, donde la sociedad rural se encuentra y desarrolla en parte su vida social, han de ser acogedoras, adaptándose en el diseño a la arquitectura del lugar, no desentonado con el entorno urbanístico y fundamentalmente se ha de tener en cuenta el microclima local y ubicación de las mismas, en definitiva han de ser sostenibles y funcionales, criterios lógicos que han de cumplir toda plaza que se aprecie como tal.

Estos criterios que hemos señalados en el párrafo anterior se encuentran esbozados en la Carta de Leipzig sobre Ciudades Europeas Sostenibles ( 02 de mayo 2007 ) de la Unión Europea, Creación y consolidación de espacios públicos de alta calidad, entre los que se encuentra los espacios urbanos de convivencia, tal como se recoge textualmente en los siguientes párrafos.

“La calidad de los espacios públicos, de los paisajes urbanos de creación humana y de la arquitectura y desarrollo urbanos, desempeña un papel fundamental en las condiciones de vida de la población urbana. Además, como factores de localización “blandos”, son importantes para atraer negocios de la industria del conocimiento, una mano de obra cualificada y creativa y para el turismo. Consecuentemente, la interacción entre la arquitectura y la planificación urbana y de infraestructuras, debe intensificarse para poder así crear espacios públicos atractivos y humanos, y lograr altos estándares en relación la medioambiente de vida, una Baukultur1. Baukultur ha de entenderse en el sentido más amplio de la palabra, como la suma de todos los aspectos culturales, económicos, tecnológicos, sociales y ecológicos que influyen en la calidad y en el proceso de planificación y construcción. Sin embargo, este enfoque no debería limitarse a los espacios públicos. Tal Baukultur es una necesidad para toda la ciudad y sus alrededores y tanto las ciudades y el gobierno deben hacer sentir esta influencia. Esto es particularmente importante para la conservación del patrimonio arquitectónico. Los edificios históricos, los espacios públicos y sus valores urbanos y arquitectónicos deben ser conservados.

La tarea de crear y garantizar infraestructuras y espacios urbanos bien diseñados, a la par que funcionales, ha de llevarse a cabo de forma conjunta por el estado y las autoridades locales, pero también por los propios ciudadanos y los agentes empresariales”.

Tres plazas emblemáticas. Pasemos a analizar de forma somera estas tres plazas significativas de nuestra localidad, empezando por la más reciente a la más antigua cronológicamente, de sur a norte del eje imaginario.

La plaza oficialmente denominada como Virgen de Los Dolores, conocida anteriormente como la del Instituto, hoy como la del Hogar del Pensionista, y en su orígenes como la plaza de “ las casitas nuevas”, es una plaza de carácter regionalista, que intenta reproducir los jardines interiores de una hacienda, es a su vez una plaza “fachada-escaparate”, a pie de la antigua carretera de Puente Genil, cumpliendo también la función de conexión del casco urbano consolidado existente al norte de dicha carretera y el arrabal o “lejío”, donde no existía trama urbana consolidada aún, ni viviendas agrupadas. La plaza por tanto daba su vez acceso a un conjunto de viviendas de carácter regionalista o pseudosevillano, que se popularizo en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX en plena dictadura a través del Patronato Provincial de la Vivienda, modelo que se implanto, con diferencias y particularidades notables, también en los pueblos de colonización agraria de la época. El arquitecto de las viviendas y posiblemente de la plaza o jardín, parece ser que fue un tal Aníbal González, sobrino (¿ seria necesario aclarar este punto?) del célebre urbanista que como arquitecto director de la Exposición Sevillana de 1929, diseño la Plaza de España de Sevilla y el Pabellón Mudéjar, y el Pabellón Real entre otros edificios, enclavados en el Parque de María Luisa. La fecha de construcción del conjunto de viviendas y la plaza según se recoge en los Archivos Municipales de Herrera fue en la década de los cuarenta del siglo XX (posiblemente en 1946) , ejecutada por un “contratista” estepeño(¿??), siendo alcalde de la localidad Leonardo Domínguez Vázquez( alcalde entre 1939-54) , y Gobernador Civil de la provincia de Sevilla Fernando Coca de la Piñera ( nombrado el 31.07.1943 y cesado el 12.02.1949), nombre de dicho gobernador que se le dio al conjunto de la barriada, como en otras muchas en la provincia de Sevilla.

En esta plaza se han realizado una serie de reformas y mejoras fundamentalmente a partir de 1980 que han consolidado el proyecto original, con repoblación de nuevos árboles, incrementando la densidad de la vegetación, sustitución de una pequeña y modesta fuente agua de piedra de Gilena, por una farola central estilo sevillanp sobre una piedra de molino, y el enchinado “a sangre” de una parte de la solería, que sustituyó al primitivo albero alcalareño, eliminándose el acceso y salida por la carretera de Puente Genil, dejando sólo los accesos laterales, posiblemente como medida de seguridad ante el tráfico.

Nos encontramos por tanto con una plaza integrada urbanísticamente, donde conviven de forma armoniosa fauna, flora y los vecinos del lugar, por tanto con una plaza con vida. Plaza sostenible donde la abundante vegetación, crea un ambiente agradable incluso en plena canícula veraniega, ya que dicha vegetación igual que las antiguas huertas que bordeaban los pueblos andaluces hacían más soportable las altas temperaturas estivales, actuando como pantalla vegetal o refrigeradores naturales. Se ha creado por tanto espacios públicos atractivos y humanos, según los criterios de la Carta de Leipzig sobre Ciudades Europeas Sostenibles, es un ejemplo de espacio blando e integrado.

La actual Plaza de Andalucía, la central en este eje, y la segunda o la mediana en antigüedad, es un prototipo de plaza diseñada en diversas etapas sucesivas, sin diseño previo establecido, y remodelada en varios momentos hasta llegar al diseño actual. Este espacio estaba configurado primitivamente por el Arroyo Hondo, que bajaba por la calle Cantarranas , el Lavadero Publico, y La Fuente Vieja del siglo XIX, que se alimentaba del “Pozo Berejeno”, manantial de aguas bastas y con abundantes sanguijuelas, y el pilar octogonal en el centro de la plaza, donde abreviaban las bestias y ganado de la localidad.

En épocas donde la vida local era más cerrada y autárquica, los ponteños, que se atrevían a adentrarse en Herrera, y se pasaban de “enteraillos” eran lanzados a este pilón sin contemplación al grito colectivo de “ ponteños al pilé”. Era el ritual de iniciación donde una vez bautizados en el pilar el forastero era aceptado en la comunidad local y se le permitía en el mejor de los caso inicial el ritual del noviazgo con la herrereña de turno; otra probabilidad era la huida despavorida y quizás definitiva del forastero que no volvía a nuestra localidad en mucho tiempo hasta que se le olvidara el remojo en el pilar.

El espacio donde se asienta la plaza actualmente se originó al canalizarse en este tramo el Arroyo Hondo o Pilancón (1942?-Leonardo Domínguez Vázquez), ganando espacio al primitivo cauce del bravo arroyo. Nos encontramos por tanto en la cota más baja de la localidad, nivel de base local o escorrentía. Es una zona inundable en días de lluvia copiosa, sobre todo si la tormenta arrecia y descarga aguas arriba en la vertiente norte de la sierra de Estepa o en su piedemonte. Las avenidas de agua se producen incluso después de la construcción del canal de descarga construido entre 1983-87, y a veces sin haber caído una gota en nuestra localidad.

Tuvo una primera gran remodelación que supuso la demolición del pilar octogonal, presidiendo la plaza la estatua de un herrero. Para el nuevo y actual diseño de esta plaza se convocó un concurso de ideas público y abierto ( algo muy novedosos para la época ¿ en qué fecha?) donde participaron algunos herrereños, pero la idea del proyecto seleccionado como ganador por el jurado no se tuvo en cuenta desgraciadamente a la hora de intervenir en esta plaza. Se descartó las ideas aportadas por los ciudadanos y se contrató a un profesional de la arquitectura que hizo una interpretación muy particular de este espacio, ejecutándose las obras en 1991-1992 ( siendo alcalde Custodio Moreno García).

El autor del ordenamiento general de la actual Plaza de Andalucía fue un conocido arquitecto local ( P.R-C.J ), donde la Fuente de 1806, queda enterrada en un mausoleo blanco-funerario de dudoso gusto, como señala Pedro A. Cantero en “Arquitectura del Agua en la provincia de Sevilla” (1995). Mausoleo que le roba protagonismo a la fuente de estilo rococó. Algunos los elementos relacionados con la arquitectura del agua, que podrían haber sido el eje central de la plaza han desaparecido o han quedado descontextualizados; el pilar octogonal, lavadero público; y el arroyo. El pilar octogonal que ya había desparecido fue ocupado por una fuente de diseño seriado; en el lugar donde se ubicaba los lavaderos públicos, la administración local ha construido un horrendo edificio de mal gusto que no cumple las normativas urbanísticas pretéritas, ni las actuales, ni las futuras, es lo que se llama predicar con el ejemplo. La falta de criterios y control urbanístico en esta zona, donde cada uno ha hecho de su capa un sayo, siguiendo el ejemplo de la administración local, que en teoría debería vigilar por la calidad del espacio urbano, han terminado por machacar el entorno donde se ubica dicho espacio de convivencia.

Quizás uno de los elementos más importante en este espacio son el juego de las dos cenefas de enchinado con trenzado a sangre que bordean la fuente y la fuentecilla de hierro, de gran un valor artesanal y estético. La cenefa mayor está formada por siete círculos concéntricos y la otra por tres, jugando con estos números impares con una importante carga simbólica. Desconocemos la autoría de las mismas, cuya ejecución nos descubre un artesano, un gran maestro , con un gran dominio de la técnica, que merece el reconocimiento público saliendo del anonimato. El trabajo de enchinado y empedrado es hoy un oficio totalmente desaparecido, que tuvo verdadera importancia en décadas recientes tanto en el viario público, como en patios domésticos, jardines públicos e incluso para el desarrollo de ciertas labores agrícolas que se desarrollaban en las eras. El enchinado no deja de ser una actividad con presente que genera empleos de futuro, en la nueva concepción de una arquitectura más sostenible y vinculada con el territorio.

Nos encontramos por tanto en su conjunto con lo que se denomina una plaza dura, donde el pavimento siempre está sucio y húmedo, con raquítica arboleda que no termina de arrancar dadas las condiciones microclimaticas poco favorables, que se acentúan en los meses extremos, donde se alcanzan temperaturas insoportables tanto en invierno como en verano. Existe una pérgola lateral en la parte oeste del paseíto convertida en un simple elemento decorativo, sin vegetación que la cubra. No existe dialogo entre los elementos arquitectónicos que configuran el actual espacio de “no convivencia”, ni con los elementos primitivos de esta plaza.

Las plazas duras, recordemos una vez más, son propias de los países nórdicos, donde escasea el sol, y el ciudadano busca los rayos solares como agua de mayo, pero en nuestras latitudes se convierten en inhóspitas, plazas vacías y muertas, donde no existe vida, incluso son repudiadas por las aves urbanas. Por tanto esta plaza no se ajusta al entorno urbano, no es sostenible, es inhóspita, poco atractiva, no cumpliendo la función de espacio urbano de convivencia, cualidad esencial de toda plaza o paseíto que se precie como tal.

La actual Plaza de España, antes Capitán Muñoz Olivé en honor a un militar local de la guerra de Marruecos, y conocida popularmente como la “Plaza “ o el “Paseíto” a secas, ya que no necesitaba apellidos al ser durante muchos años el único paseo público existente en la localidad. (Seria interesante conocer la secuencia de nombre que ha tenido esta plaza) La primera gran intervención posiblemente se llevara a cabo al trasladarse el Cuartel de la Guardia Civil en 1937, desde la calle homónima situada en el “ Barribalto”. Fue en su origen una plaza triangular irregular, con olivos lineales en la periferia, posteriormente con baldosas grises, bordeado por un seto de vegetación dura (¿?) y, con una serie de bancos macizos recubiertos de azulejo sevillano, que fueron pagados por comerciantes y empresarios de la localidad, llevando en el frontal el nombre del empresario que lo costeo (Bodegas Páez Chías; Feliciano Muñoz Muñoz, Manuel Jiménez- Cuenca, José Benjumea Cáceres,..). En el centro de la plaza se encontraba una coqueta fuente de azulejos con varios niveles o pisos, con un surtidor de agua en el remate, pero siempre en estado de “pertinaz sequía” como se decía en el régimen. La abundante vegetación periférica fue el lugar donde los chavales de la época escondían sus tesoros, jugando al” pilla-pilla”, o al “escondite”. En los años sesenta los municipales o policía local como son conocidos actualmente se encargaban de espantar a los niños que jugaban a la pelota, rajándole el balón de forma expeditiva, o le incautaban la “chiriva”. Los paseítos no eran en aquel tiempo lugar para menores. Estos tenían que ir al arroyo para jugar a los indios, o las eras para jugar a la pelota, todo un sinsentido de esta época dictatorial.

La plaza estuvo marcada ideológicamente, con la presencia en la fachada de la Ermita de la “ Cruz de los Caídos”, jalonada como centinelas vigilantes por dos cipreses ( el enano y el grande). Las corporaciones que desfilaban en semana santa, rendían pleitesía, hacían reverencia o presentaban armas al pasar delante de dicha cruz. En los años oscuros el veinte de noviembre los cadetes falangistas velaban armas durante esa noche, en recuerdo del ausente. Sería interesante conocer, en que año de forma sutil, se desmantelo dicha cruz, ya que Herrera, fue pionera en eliminarla, mucho antes, creo recordar de la llegada de los ayuntamientos democráticos.

La plaza conoció todo su esplendor urbanístico a finales de los cincuenta del siglo veinte, al construirse una serie de caserones, y establecerse en el antiguo Ateneo la única entidad bancaria de la localidad. Paradójicamente las grandes intervenciones urbanísticas particulares coincidieron como suele ser habitual históricamente con la época de mayor carestía y pobreza de los habitantes de Herrera, en la antesala de la gran emigración masiva que sangro la localidad en la década de los sesenta del siglo XX. Las épocas de penuria generalizada no afecta por igual a toda la población, los grandes caserones convivieron con los chozos de barro y paja. Recordemos que en Herrera, los chozos estuvieron habitados hasta finales de la década de los sesenta del siglo pasado, la dualidad social ha estado siempre muy patente en Herrera, aunque las frágiles memorias interesadamente intenten olvidarlo u ocultarlo. Macroeconomía y microeconomía no han sido coincidentes, las diferencias sociales eran en aquellos años en Herrera escandalosas, y vergonzantes. El binomio riqueza-pobreza, ostentación-miseria siempre han ido juntos de la mano, la ecuación aún no ha sido resuelta. La abundancia y opulencia de una minoría se ha sustentado siempre a costa de la miseria y el hambre de una mayoría.

En los años finales de la dictadura se eliminó el seto de vegetación plantándose naranjos, que sustituyeron a dicho seto bordeando el perímetro del paseíto. Se colocó un pavimento de baldosas blancas y verdes, en honor quizás a un equipo de futbol o por a la bandera andaluza. La valla-murete, que salvaba el desnivel existente, servía a su vez de defensa y barrera de seguridad ante el escaso, pero en aumento tráfico rodado de la época.

Al ser la plaza por excelencia de Herrera durante muchos años, es la que ha soportado el mayor número de intervenciones urbanística, donde el alcalde de turno ha querido dejar su impronta. Intervenciones tan desafortunadas, que siempre se ha caracterizado por dejar en mejor lugar al alcalde que le precedió. Por tanto cada nueva intervención más desafortunada aun, superaba en mal gusto al diseño anterior. Nunca han existido unos criterios claros en las intervenciones de reforma de este espacio público tan emblemático sentimentalmente para los herrereños. El maltrato urbanístico de este espacio de referencia local ha sido constante y lamentable.

La última intervención urbanística. En la primavera de 2015 la Plaza de España, fue nuevamente reformada a marchas forzadas. La Semana Santa que se echaba encima, y el final de la legislatura municipal, fueron factores condicionantes del diseño actual. Quizás existiera, un proyecto de trabajo, un diseño previo más completo con bancos y fuente central en esta última intervención, pero este parece ser que no se ha cumplido, o se ha quedado en el cajón del arquitect@ responsable, quizás por desajuste presupuestario, o falta de criterio claro, o todas estas cosas a la vez, vaya usted a saber.

Recientemente en este espacio baldío se han sembrado una serie de mesas de centro “modelo ikea”, recordándonos estos artilugios también a los reclinatorios de los sepulcros de las de las catedrales del final del gótico español. Estos armatrostes se estilo nihilista y “funcional” , según dicen los entendidos arquitectos, son el lugar donde deben de sentarse el personal. Por lo cual queda despejada la incógnita de la función de estos artilugios. Algunos ven un “arrepentimiento artísticos” ya que parece un intento frustrado de reproducir el símbolo del dios helios romano, ya que el sol está siempre presente en la plaza.

Dos modelos de parques y jardines. Existen en la localidad, como hemos comentado anteriormente, dos modelos de parques o jardines, uno el representado por el ubicado en Virgen de los Dolores, conocido como el del Hogar, y otro el de la Plaza de Andalucía, lamentablemente se ha optado en Plaza de España por el modelo de plaza dura representado por Plaza de Andalucía, pero acentuando los aspectos más negativos.

En esta intervención de 2015, se ha pretendido anular el desnivel existente entre la acera este y oeste, salvándolo mediante una franja de césped en la parte oeste que convive en zona peatonal anexa. La Ermita (1746) que anteriormente se encontraba enterrada, ocupando un lugar secundario, con la intervención urbanística se ha convertido en el eje visual central de la plaza, presidiéndola. El carácter religioso del lugar se ha acentuado, la Ermita es el lugar de culto diario, desplazando a la Iglesia de Santiago El Mayor en las funciones litúrgicas, y por otro lado la plaza es el lugar donde se desarrollan todo el ritual escénico de la típica Semana Santa herrereña. Este proyecto arquitectónico que pretende reforzar el carácter religioso de la plaza ha supuesto optar por una plaza dura, inhóspita, invitando a los ciudadanos a abandonarla, donde la convivencia es difícil. Se ha condenado definitivamente este espacio. Los bancos tradicionales han sido sustituidos por los reclinatorios góticos, que invitan a arrodillarse y rezar más que a sentarse y descansar, reforzando aún más el carácter religioso de este espacio.

Se reproduce en esta plaza herrereña, el urbanismo que proliferó a partir de la Expo 92 en Sevilla capital , según el catedrático de Ecología Enrique Figueroa. Supuso el diseñar espacios urbanos faltos de árboles. “La Expo fue el punto de partida para un modelo de ciudad nefasto”, afirma este catedrático de la Hispalense, para quien la muestra universal dio lugar a una arquitectura “carente de verde, con plazas y calles para ser vistas, pero no para ser vividas”.

El otro elemento determinante en el rediseño de este espacio, es el nuevo dios de nuestra época, el automóvil. Se ha intentado crear nuevos espacios de aparcamiento, ordenar el tráfico y darle más fluidez, se piensa en el automóvil y se olvidan las necesidades del ciudadano, ya que la función esencial de una plaza pública y su entorno es la convivencia social. Nos olvidamos con frecuencia que el automóvil es incompatible con la tranquilidad y el sosiego, su presencia en exceso genera presión y angustia. Las barreras de protección existentes antaño, junto con el desnivel, convertían la plaza en un lugar seguro, al evitar la invasión de este espacio público por los automóviles y delimitaba de forma clara el espacio de juego de los menores. La eliminación de la barrera arquitectónicas y su sustitución por “balizas blandas” ha convirtiendo la plaza en insegura para los que la frecuentaban habitualmente, y especialmente para los menores que acudían acompañados de sus madres a jugar.

Por falsa economía de mantenimiento se ha optado por un diseño de plaza dura, costosas en la construcción, pero en teoría poco costosas de mantener con escasa vegetación, y sin ningún elemento relacionado con el agua tan propio de la cultura arábigo andaluza, más aún cuando en esta plaza se ubicaba “ El Álamo”. El tipo de solería colocado se caracteriza por su porosidad y gran capacidad de absorber la suciedad, por lo cual nos encontramos con una plaza eternamente sucia desde el primer momento de su inauguración, característica que se produce también en la plaza de Andalucía.

Es por tanto una plaza no sostenible, la solería y la escasa vegetación, incrementa la temperatura y las oscilaciones térmicas diarias, insoportables en invierno y aún más en verano. Las diferencias térmicas entre esta plaza y lo jardines del Hogar del pensionista alcanzaron los 4º centígrados en verano de 2015 (lectura tomada a las 15 horas del 09.07.15, siguiendo los criterios científicos establecidos. 41º C y 37º C respectivamente); 9º C de oscilación térmica si la temperatura se tomaba al ras del suelo, pudiéndose alcanzar si el termómetro permanece varios minutos más a ras del suelo los 57ºC. Los árboles en este espacio están condenados posiblemente a tener dificultar en consolidarse, el microclima extremo que se genera dificulta su crecimiento, si no es con un abundante y constante riego diario.

Espacio público y sostenibilidad. Por otro lado se ha optado por una franja de césped precisamente en la zona de constante y mayor radiación solar (aunque a decir verdad la plaza es toda un solárium, y a algunos les recuerda a una “era” apta para la trilla del trigo, “ la era de millares”, la denominan algunos) . Este tipo de hierba, el césped, es propio de climas más templados, necesitando esta zona teoría unos 97 m3 / cada dos meses aproximadamente, con un coste anual mínimo de 1.843 €. El mantenimiento de esta franja de césped no es sostenible por su elevado coste económico, y desde el punto de vista medioambiental consume anualmente las necesidades hídricas de algo más de tres familias compuesta de tres miembros. Casi 600.000 litros de agua potable son despilfarrados como mínimo anualmente para regar dicho césped, la falta de conciencia y sostenibilidad medioambiental se pone también de manifiesto en este despilfarro de agua potable. La existencia de contadores de agua en edificios públicos, y algunas zonas de la localidad como parques y jardines no es garantía de control del consumo de agua potable si no hay un seguimiento y evaluación zonal y temporal por parte de los responsables políticos, convirtiéndose estos contadores en elementos simplemente decorativos. No se puede pedir responsabilidad al ciudadano en el consumo de agua potable, cuando la administración no predica con el ejemplo. En los años de “pertinaz sequía” propios de estas latitudes todo son lamentaciones.

La intervención por falta de previsión y control de temporalidad en la ejecución, condicionada por terminarla antes de Semana Santa y el final de la legislatura municipal ha supuesto posiblemente un sobrecoste enorme, un despilfarro de los escasos recursos municipales existente. En algunos días se han encontrado trabajando más de veinte personas, no existiendo espacio físico para tantos trabajadores apelotonados. Sería razonable en función de la trasparecía de la cual tanto presume toda la clase política en el uso de los fondos públicos, que los herrereños tengamos conocimiento del coste real de esta ejecución, desglosado partida por partida euro por euro. Es un derecho básico y elemental de toda democracia que se precio como tal, cuando son fondos públicos y como tales debemos de conocer el destino que se dan a dichos fondos. Negar el conocimiento de esta partida presupuestaria es un acto poco democrático, ya que son los ciudadanos los que debemos de controlar a la clase política, y no al revés. No consideramos legítimo que fondos públicos, cuyo uso debe basarse en la eficiencia, sean utilizados con fines electorales, ya que puede ser considerado malversación pública.

En el programa electoral del partido gobernante y ejecutor de la reforma no existía referencia a esta intervención, que la mayoría de la población, podemos creer modestamente, no la consideraba prioritaria, y por otro lado no se ha tenido en cuenta la opinión de los herrereños, ni de los vecinos que conviven en esta zona para el diseño de este espacio. Se pide una democracia participativa, donde el gobernante ha de conocer, las necesidades, los deseos la opinión de los ciudadanos antes de actuar. Se ve viene en este momento una anécdota que escuche al poeta José Luis Ortiz Nuevo, en la que contaba que un ciudadano de su pueblo, Archidona ( Málaga), a la hora de pintar la fachada de su casa, le pedía opinión al vecino de enfrente, para pintarla a su gusto. El vecino sorprendido le comentaba, que era el, como dueño, el que debía decidir sobre este asunto, a lo cual este respondió, que no, que el que más disfrutaría del color de la fachada seria el cómo vecino. Lo primero que encontraba al salir o al mirar a la calle era dicha fachada, por todos estos motivos, le tocaba decidir sobre un espacio de propiedad compartida.

Todos los hechos antes señalados, han condenado a la Plaza de España definitivamente a muerte, convirtiéndose en un espacio desierto donde los niños han desaparecido, los pájaros huyen y la convivencia social no existe, simplemente porque se encuentra desierta. Si antes “los municipales” por vía expeditiva se encargaban de echar a los niños de la plaza,” no es plaza para niños”, hoy de forma más sutil es el diseño arquitectónico el que cumple esta función, sin necesidad de “los pelayos, salcedo o gorea” de turno. El cartel de “NIÑOS,NO.”( siguiendo el símil de perros,no ) colocado en los accesos a este espacio reflejaría inconscientemente la concepción que algunos tienen sobre los espacios públicos.” Volver a los sesenta”, como decía la cantautora y folclorista chilena, Violeta Parra.

Retomando la experiencia del ciudadano de Archidona, sería bueno recordarles a nuestros políticos , los que “mandan y han mandado antes” que es necesario consultar con los vecinos de la localidad para conocer previamente su opinión, y que la democracia es algo más que votar cada cuatro años, la confianza en política debe estar siempre en cuarentena. Mandar no es sinónimo de gobernar. Ganar una elecciones no es un cheque en blanco para hacer lo que nos placa como gobernantes locales, se están gestionando fondos públicos, y es muy higiénico la eficiencia del gasto y dar las explicaciones oportunas a los vecinos que cada cuatro años votan. No dudo, que hoy día ninguna corporación local se niegue a dar información a sus ciudadanos, que reclaman el derecho de estar informados, de participar y decidir.

Ramón Ortiz Benjumea, geógrafo.

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