CAMINOS Y SENDEROS, FUENTES DE DESARROLLO Y LUCHA CONTRA LA DESPOBLACIÓN RURAL EN ANDALUCÍA.

Por David Moscoso Sanchez ( Dpto. Sociología UPO) y, José María Nasarre Sarmiento ( Dpto. de Derecho de la Empresa de Zaragoza)

REGULACIÓN DE LOS SENDEROS EN ANDALUCÍA

En 2017, el Parlamento de Andalucía aprueba la Ley de Regulación de los Senderos de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Como resultado, hoy existen más de 10.000 kilómetros señalizados y homologados en todo el territorio andaluz. En 2018, llega al mismo Parlamento una Proposición de Ley sobre Caminos Públicos Rurales que, sin embargo, no llega a ser aprobada, quedando pendiente la protección de 60.000 kilómetros de caminos públicos existentes en Andalucía, muchos actualmente usurpados ilícitamente por propietarios de tierras colindantes. Los autores hacen balance de esta situación considerando los senderos y caminos como recursos patrimoniales para la diversificación de la actividad económica y dinamización social en el medio rural. Y su protección, como un mecanismo de fijación de la población y de conservación medioambiental.

Durante la X Legislatura del Parlamento de Andalucía, la actividad parlamentaria propició la Ley de Regulación de los Senderos de la Comunidad Autónoma de Andalucía y la Ley de Caminos Públicos Rurales en Andalucía, sendas iniciativas destinadas a recuperar y poner en valor el patrimonio viario público andaluz, en parte motivada por la movilización de ciertos agentes sociales y, en parte, por la sensibilidad de algunos grupos parlamentarios.

La primera se aprueba el 20 de abril de 2017; no así la segunda que, si bien fue admitida a trámite por mayoría de la Cámara, no concluyó su tramitación por disolución del Parlamento.

En este sentido, cabe señalar que la primera de las iniciativas no sólo contó con el apoyo unánime de todos los grupos parlamentarios, lo que pone de relieve el consenso que desprende la puesta en valor de los senderos de uso turístico y deportivo, sino, más allá aún, aunó las voluntades de numerosos agentes del ámbito deportivo, cultural, económico y social. No en vano, la tramitación de la citada Ley de Regulación de Senderos contó con el apoyo de federaciones deportivas del ámbito del montañismo y la caza (FEDAMON, FEDME y FAC),las principales organizaciones profesionales agrarias (UPA, COAG y ASAJA), los colectivos ecologistas y plataformas ciudadanas de defensa de caminos públicos (Ecologistas en Acción, Plataforma Ibérica de Caminos Públicos, Asociación Andaluza de Vías Verdes y ADesalambrar), así como asociaciones de carácter cultural (Federación Andaluza de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago), entre otras muchas.

DIVERSIDAD DE USO DE LOS SENDEROS

Ambas iniciativas partían del reconocimiento de que los caminos y senderos rurales son parte integrante del dominio público viario que tiene en la actualidad más funciones y usos que los tradicionales. En efecto, representan en sí mismos una expresión rotunda del acervo cultural viario de nuestro país, en tanto que actividades como la agricultura, la ganadería, la forestal, la trashumancia o la caza, han girado tradicionalmente en torno a los llamados caminos rurales.

Por tanto, estos necesitan ser mantenidos, protegidos, ordenados y conservados. Y, por ese motivo, desde años atrás, se viene demandando por sendos agentes sociales y económicos (asociaciones ecologistas, organizaciones agrarias como UPA o COAG, plataformas ciudadanas de defensa de caminos públicos, etc.) la necesidad de dotar a las administraciones andaluzas de una norma que potencie esas competencias, como parte del desarrollo sostenible del medio rural andaluz. Sólo los grandes propietarios de tierras, representados principalmente en ASAJA, y los titulares de grandes fincas de caza, agrupados sobre todo en Ateca, han sido en este tiempo el principal frente de oposición a estas leyes y, en definitiva, a la recuperación, puesta en valor, vigilancia y mantenimiento del carácter público de los caminos rurales y los senderos.

Las dos iniciativas parlamentarias han puesto de relevancia el papel que la difusión del senderismo ha ejercido en los últimos años en ese reconocimiento de los valores del patrimonio viario rural. Porque el senderismo reúne unas características que van más allá de los valores que como deporte le son propios, habiéndose convertido en todo un motor económico y social en muchas áreas rurales y espacios naturales.