Ambas realidades, sierra y casco histórico, como hemos apuntado, tienen algo en común: el paisaje. Un concepto novedoso entre las entidades que son objeto de planificación y gestión del territorio en su consideración más amplia, la comarcal o territorio en el que se desarrollan relaciones cotidianas y que vienen dadas por rasgos comunes por su desarrollo histórico y sociocultural. Pero también, la de los lugares de vida y trabajo que configuran un entorno de proximidad vital y más cotidiana: la ciudad y el casco histórico. A diferencia del espacio físico a ordenar, sus elementos que conforman su carácter construido (infraestructuras, edificios, instalaciones…), cuando nos referimos al paisaje tenemos que destacar que nos referimos a la percepción individual y social de quienes habitan ese espacio físico. Por tanto, está conectado de forma insoslayable con la idea que se tiene de dicho espacio físico, la percepción del escenario en el que se desenvuelve nuestras vidas, la dimensión emocional que tiene todo lo que nos rodea, para lo bueno y para lo malo. Tiene que ver con la experiencia vital, con el imaginario creado a lo largo de nuestras vidas personales en sus escenarios. Tiene mucho de subjetivo, claro, y es un derecho inalienable, pero tiene una dimensión colectiva en la medida que las experiencias personales se comparten y pueden socializarse, de tal manera que pueden llegar a ser un valor colectivo, a formar parte de aquello que la comunidad valora en su sentido vital e identitario y aspiraciones colectivas. Como reconocimiento de la realidad percibida ya es importante, pero también, por ello mismo, adquiere valor proyectivo, es decir de criterio para incorporar a las determinaciones de ordenación y su gestión, sea a escala territorial o urbana e intraurbana, porque en nuestro marco vital estas entidades es un único marco, aunque sea necesario por operatividad técnica y de gestión distinguir dichos ámbitos de planificación espacial (plan territorial, municipal o de sector urbano específico como la ciudad histórica), o de carácter ambiental, cultural, etc.
La incorporación del paisaje en estos procesos representa una gran oportunidad porque requiere, inevitablemente, la participación e implicación social de manera mucho más intensa e intencionada que los habituales procesos de información pública como trámite administrativo. Es decir, requiere una posición metodológica muy diferente a la que normalmente estamos acostumbrados, en la que en el mejor de los casos se delega en las fases de información pública y las relacionadas con la evaluación de impacto ambiental (EIA). Paisaje y participación social son conceptos estrechamente unidos, no puede concebirse el primero sin la indagación de los pensamientos y sentimientos del espacio vital de una comunidad. Hay técnicas para que resulte un proceso creativo, rico, sincero, ilusionante… y el proceso de planificación o actuación al que esté asociado se verá nutrido de experiencias y aspiraciones que les serán de enorme utilidad para un trabajo a veces demasiado técnico y mimético. Pero podría no ser así. A esto nos lleva invocar el paisaje (la experiencia vivida, sentida y motivadora), a generar procesos participativos en los que se indaguen las vivencias y aspiraciones de la población, que, en definitiva, debe ser el sujeto de la planificación y gestión territorial, urbanística, ambiental, patrimonial…
Algunas ideas sobre este concepto de paisaje, un término de uso común pero que requiere algunas precisiones. En primer lugar está íntimamente asociada a su percepción e interpretación. Es decir, que en el paisaje opera algo más que su simple observación. Habría que empezar por precisar que en su percepción operan todos los sentidos (no sólo la vista). En segundo lugar, que su percepción (multisensorial) desencadena complejas operaciones que relacionan lo observado con la memoria acumulada y el conocimiento adquirido por otras vías. Es oportuno recordar en este momento la conocida Parábola de Antonio Machado (Campos de Castilla): De la mar al percepto, /del percepto al concepto, /del concepto a la idea, / -¡oh, la linda tarea! / De la idea a la mar./ ¡Y otra vez a empezar!
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