De manera que el paisaje forma parte de la experiencia individual que se conforma en la memoria a partir de vivencias, intereses, expectativas y proyectos. Vemos desde el significado y no desde el puro estímulo sensitivo. Pero en la atribución de valores interviene, asimismo, el contexto cultural del que formamos parte, y nos influyen las miradas y sensibilidades asimiladas como valores colectivos. La responsabilidad de crear entornos vitales coherentes y armoniosos, en el que poder desarrollar las experiencias paisajísticas, es una responsabilidad pública a través de la planificación y la ordenación de actuaciones que transforman nuestros escenarios. Pero también lo es que la sociedad debe participar más activamente en la toma de decisiones, y el paisaje debe ser también un instrumento y un criterio para incorporar deseos y expectativas sociales en las actuaciones que configuren nuestro espacio de vida y trabajo.
Pero no olvidemos que una primera responsabilidadestá directamente relacionada con la sostenibilidad e integración ambiental de sus propuestas. Es decir, un equilibrio entre sus diferentes partes, infraestructuras, urbanización, suelo libre y espacios naturales, desde su viabilidad energética y desde sus características propias. En segundo lugar, una estrategia que convierta el territorio en un motor para dinamizar sus valores potenciales que tienen en el paisaje uno de sus fundamentos: localización de actividades, acceso a las ciudades, imagen urbana, turismo, mejoras cualitativas de los espacios públicos…
Es fundamental que la ordenación del paisaje aporte legibilidad y claridad para el desenvolvimiento de la vida en estos espacios. Incorporar la perspectiva paisajística en la planificación requiere una posición muy diferente a la que normalmente estamos acostumbrados, en la que en el mejor de los casos se delega en las fases últimas relacionadas con la evaluación de impacto ambiental.
De tal manera que debemos reconocer el derecho ciudadano a sus paisajes y su participación en la definición de criterios de calidad paisajística.Hay que mejorar los procesos de planificación y gestión del territorio ampliando las posibilidades de participación pública y estableciendo mecanismos para incorporar la opinión de los grupos sociales desarrollando métodos específicos desde la consideración de la dimensión paisajística. Los paisajes forman parte de las identidades colectivas y son un recurso importante identificar y reconocer aquellas actuaciones que son valiosas y aportan, desde su buen hacer, criterios para la creación de entornos vitales de calidad.
Sierra del Becerrero y ciudad histórica son entidades, lugares, que merecen una atención prioritaria y el paisaje, desde el entendimiento que hemos tratado de exponer, le proporciona instrumentos valiosos para mejorar la toma de decisiones en torno a su planificación y gestión.
Gonzalo Acosta Bono. Geógrafo-Urbanísta
Leave A Comment