EL VALOR Y EL SIGNIFICADO DE LAS PALABRAS.

Esta frase nos puede servir de excusa, para comentar la relación existente entre el nombre un lugar, de un pago agrícola, y el paisaje rural o urbano, y la historia de un lugar, o de un pueblo.

“Los nombres de los lugares guardan la memoria de lo que fueron” (Rafael Chirbes, En la Orilla), y “el paisaje es a su vez un  acumulador histórico” (Gregorio Marañón, citado por Carlos Parejo Delgado).

Las palabras, los nombres, los motes  nos pueden ayudar a rastrear nuestra historia, a reconstruir un paisaje rural o urbano, o los usos de un espacio concreto de la trama urbana. También el origen o profesión de una familia.

Cuando denominamos a una familia “El  Barquero”, “El Minero”, rastreamos la profesión de sus antepasados. Minero, porque emigro temporalmente a las minas de Rio Tinto; Barquero, ya que con su barca se cruzaba el Genil.

“La Batana”, “Las Niñas del Salto”, “La Trini del Castillo”, “ La de la Central “ hace referencia al pago donde residían sus antepasados. El Batan existente en el Genil, el Salto de San Calixto, o haber sido propietario de unas parcelas al lado del Castillo de Alhonoz, o haber vivido en la Central donde se pagaban los recibos de la luz.

Lo mismo sucede con las fincas rusticas: “Cortijo de Alhonoz”, “ Las Carrizosas”, “Huerto de Joselito”, “Dehesa de El Ricón”. Estas denominaciones nos localizan la finca, o nos indican el uso que antiguamente han tenido.

El callejero urbano nos da rastro de ciertas peculiaridades de las calles: “ Cantarranas”, “ Labradores”, “Carretas, “Salinas”, “Alpechin”, “ Animas”, “Puentezuelo”, “La Puente”, “Pozoviejo”, “Huerto”,…

Nos indican el uso, la profesión de los que residían en esa calle, una singularidad, o incluso un acontecimiento que ha marcado a la sociedad local por desgarrador y macabro, como calle “ Silencio”.

Los molinos de aceite se ubicaban normalmente en la calle Alpechín (calle recta y con desnivel). Pero dentro de estos había categorías, que la sociedad sabia identificar, según el “ peso social” del propietario. Uno era el Molino de Carlitos, y otros era el Molino de D. Vicente, o el de  D. Ramón Guillen. Estos dos últimos, sin menospreciar al resto, eran ya  palabras mayores. El Don delante del nombre de pila, era un identificativo de poder, de peso, aunque todos se dedicaran a lo mismo: moler aceituna.

…ES UNA CHIMENEA, Y NO UNA TORRE.

En Herrera solamente hay una Torre, la de la parroquia de Santiago El Mayor ( que por cierto, parece ser que no siempre tuvo esa advocación, que hablen y lo aclaren los historiadores).

La Ermita tiene solo una coqueta espadaña, a la cual algunos vecinos accedíamos a ella por los tejados, para ver la bóveda, que creíamos que debería ser una especie de infierno.

No hubo , ni hay como Estepa torres emblemáticas como la de La Victoria , ni Torre del Homenaje ( c. 1390), que por cierto se levantó cuando Estepa había dejado de ser frontera, no había razones militares, ni estratégicas.

El maestre de la Orden de Santiago,  D. Lorenzo Suárez de Figueroa, solo buscaba la gloria al construir esta torre emblemática. Por lo visto lo consiguió, ya que una abogada y uno que ejerció como arqueólogo, estepeños los dos  me comentaron ser descendientes directos de tan noble señor . ¡ En lo que pierden el tiempo algunos !. Mi querida Estepa, siempre tan noble ella,….

” Ramón, no se lo digas a nadie, esto solo lo vas a saber tú, mi familia es descendiente del Maestre”. El no se lo digas a nadie, es la forma sutil de decirte por favor, divúlgalo por los cuatro vientos.