LOS EFECTOS PERVERSOS DE LA PAC Y FEGA.

Uno de los objetivos de los fondos Leader entre otros era fijar la población, apoyar al pequeño agricultor, la agricultura familiar, mejorando la calidad de vida de los habitantes del medio rural, pero nos encontramos con unos efectos perversos al implantar y desvirtuar la PAC y los fondos FEGA.

La diversidad de las explotaciones agrarias

Los datos nos ponen de manifiesto la no homogeneidad, la diversidad de las explotaciones agrarias en la comarca, con realidades e intereses distintos. Por un lado, las grandes explotaciones que acaparan los fondos FEGA, una minoría, y el resto pequeñas explotaciones que quedan al margen del sistema .

Las arcas públicas cubren los costes salariales de las grandes explotaciones

Recordemos que:  “Las grandes explotaciones mediante la liquidación de impuestos y las subvenciones que captan al año, les deja unas ganancias netas superior a la factura salarial, lo que equivale a decir que, en términos macroeconómicos, las arcas públicas cubren el coste salarial de las grandes explotaciones.”

La propiedad se concentra

Estas grandes a explotaciones agrícolas debido a la cuenta de resultado, son las que pueden aumentar el tamaño de sus explotaciones, y acceder a grandes explotaciones a precios accesibles, mientras que el pequeño agricultor solo puede comprar pequeñas parcelas colindantes a precios fuera de mercado, desorbitados.

Por otro lado, a la larga por abandono de la agricultura por parte de los pequeños agricultores, por su poca rentabilidad se producirá en Andalucía del interior un aumento de las dimensiones de  las explotaciones mayores por abandono y acumulación, como ha sucedido en la Meseta.

El sistema expulsa a los pequeños y medianos agricultores, las grandes explotaciones se concentran actualmente  en Castilla la Mancha y, sobre todo en algunas comarcas de Extremadura, donde el  80% de la superficie agrícola está en manos de las grandes explotaciones.

En estas dos últimas décadas, según el Censo Agrario de 2020, las explotaciones de más de 100 Has. en España suponían el 58% de toda la superficie agrícola en España. En Europa una explotación de más de 100 Has. se considera latifundio o gran propiedad.

Se está reproduciendo un modelo, que se ha dado en el interior de la meseta ibérica, y en Sudamérica, una agricultura sin agricultores en una Andalucía del interior  cada día más despoblada y envejecida.

Las ayudas europeas al campo perpetúan la desigualdad en Andalucía

Como señala Joan Corominas ” Las intervenciones del sector público en la agricultura no contribuye a reducir las desigualdades: las ayudas de la PAC y la asignación del agua y del coste de la misma las reproducen”. En 2022 el 20 % de los empresarios agrícolas acaparan el 80% de los fondos de la PAC. ” Las ayudas europeas al campo pertetúan la desigualdad en Andalucía…” ( Raúl Bocanegra El Público 23.03.24)

Envejecimiento del empresario y de la mano de obra comarcal

Hay que tener en cuenta la edad media de los empresarios agrícolas, posiblemente en la comarca supere los 58 años ( no tengo datos, no he contado con la colaboración de las entidades a las que se lo he solicitado), y el relevo generacional es  casi inexistente en las pequeñas y medianas explotaciones, por falta de rentabilidad y futuro.

En España el 60%de los empresarios agrícolas han cumplido los 65 años, mientras que sólo el 6% no llega a los 35 años. La edad y falta de relevo generacional es la puntilla para la explotación tradicional, lo que agrava el problema de abandono del sector y la despoblación del medio rural.

Andalucía y el pequeño agricultor moneda de cambio

Andalucía como colonia de los centros hegemónicos es una moneda de cambio de otros intereses. Si Centroeuropa quiere exportar tecnología, debe permitir la importación de productos agrícolas de esos terceros países, la única forma de poder acceder a esa tecnología.

El pequeño agricultor se siente atrapado entre los intereses de las grandes explotaciones agrarias, que acaparan los fondos FEGA, y a su vez estos grandes propietarios  invierten en terceros países, donde la rentabilidad de la explotación agraria es mayor, y son los están detrás de las exportaciones de productos agrarios  hacia España y Europa.

El seguimiento de las explotaciones familiares del modelo impuesto por las grandes explotaciones, con interés distintos, aceleran la crisis en las pequeñas explotaciones. Estas no pueden competir si no diversifican, diferencian la producción y si renuncian a  las  variedades autóctonas.

Las grandes explotaciones y los fondos de inversión no tienen vínculos con el territorio, expolian recursos, y cuando estos se agotan y dejan de ser rentables la explotación  abandonan el territorio. No fijan población, ni repercuten en la mejora de la calidad de vida de los habitantes de la comarca.

El múltiple proceso de acumulación.

Hay que tener en cuenta que los grandes propietarios nacionales tienen intereses  en las grandes cadenas de distribución, y la cadena alimentaria castiga a la pequeña propiedad, que tiene menos capacidad de resistencia.

La acumulación de beneficios durante décadas de la gran propiedad ha supuesto que buscando la máxima rentabilidad desarrolle nuevas explotaciones agrícolas en países terceros donde los costes son menores, y exporten sus producciones al mercado europeo. Se produce un doble proceso de acumulación acaparan la mayoría de los fondos FEGA, por otro lado obtienen beneficios exportando desde terceros países a Europa, y cierran el circulo invirtiendo en las grandes cadenas de distribución. El pequeño agricultor se encuentra atrapado.

El monocultivo y la superespecialización olivarera, pueden ser un riesgo.

Según datos de  2009, la superficie del olivar representaba el 56% de la S.A.U. de la comarca Estepa-Osuna , con municipios donde el olivar llega a representar el 86% en Casariche, y el 82% en Gilena.

Los datos referidos a 2011 ponen de manifiesto la importancia de la Comarca Estepa-Osuna en el  sector de la industria de aceite y grasas vegetales dentro del contexto regional y provincial. Las 57 empresas registradas en el sector de la industria de aceite y grasas vegetales en la comarca  representan el 5% de la comunidad autónoma y el 33% de las industrias de la provincia  Por otro lado las 41 almazaras existentes suponen el 2% del total nacional, el 5% del total andaluz, y el 54% de las almazaras existentes en la provincia de Sevilla.

El papel de las cooperativas en la cadena alimentaría.

No se podría entender la agricultura de la comarca sin el papel que han jugado las cooperativas olivarera, apostando por la calidad y rentabilidad.Por otro lado, las cooperativas olivareras de primer y segundo grado son la gran “reserva  de oro”, altamente rentable para las grandes cadenas de distribución, que controlan el producto final sin asumir ningún riesgo, ni inversión que es soportada por los cooperativistas, pequeños agricultores en su mayoría. Como apuntaba ya hace muchos años A. López Ontiveros (1982) “las cooperativas olivareras andaluzas son una realidad problemática”, y compleja.

Se poder correr el riesgo de que se conviertan en meros maquileros ,llegando a reproducir en cierta medida el modelo de las empresas integradoras o las llamadas interproveedores, que se ha impuesto en otros sectores, debido al ser cada día mas dependientes de las grandes cadenas de distribución. Entrar en las grandes cadenas de distribución es difícil, mantenerse complicado, pero liberarse …

¿ Garantizada la soberanía alimentaria?

La tan cacareada soberanía alimentaria no está garantizada, ya que las grandes corporaciones que controlan las grandes explotaciones trabajan con la vista más puesta en los mercados exteriores que en el local, como es el caso en la comarca con el porcino, aceituna de mesa y aceite, y últimamente el almendro.

Es necesario reorientar la PAC

Es necesario, por tanto, si se quiere fijar la población en el territorio y mejorar la calidad de vida de los habitantes del medio rural, reorientar la PAC, y los fondos FEGA. Se debe favorecer a la agricultura familiar, y a las pequeñas y medianas explotaciones…y, por supuesto  un mayor control real de la cadena alimentaria, asegurando la soberanía alimentaria.