PLAZA Y CENTRALIDAD.

Plaza y centralidad: poder político, prestigio social. Por otro lado la proyección de una plaza y el diseño de la misma intentan reforzar la imagen de un edificio emblemático, una iglesia, la casa consistorial, o una casa solariega. Las plazas principales refuerzan y condicionan la centralidad urbana, donde se ubican las principales funciones terciarias de la ciudad, el poder económico y social, en su entorno suelen vivir originariamente la clase social de más “prestigio”. En estas plazas centrales y emblemáticas es donde el político, el alcalde de turno se afana para dejar constancia de su paso por el ayuntamiento, pretendiendo que quede en la memoria de los ciudadanos votantes como ejemplo de su buen gobierno y buen hacer. En definitiva el político busca, al intervenir en las plazas más emblemáticas o al proyectarlas, la inmortalidad, lo que en la Roma clásica se definía como la gloria, el reconocimiento en definitiva.

Tradicionalmente son en principio escasas las plazas existentes fuera de esta zona de centralidad, y las pocas existentes tienen un papel mucho más secundario, apenas son atendidas por los poderes políticos municipales, donde la falta de equipamiento urbano, el abandono y la suciedad suele algo más común, que las otras plazas centrales, mucho más cuidadas y atendidas. Pero la centralidad es algo coyuntural y temporal, la expansión urbanística puede generar nuevos espacios de convivencia, surgiendo parques o paseítos que cuestionan la centralidad antigua, hasta que la desbanca y la sustituye. La plaza de la Iglesia en Herrera, donde convivía Ayuntamiento y la parroquia de Santiago El Mayor perdió su centralidad primero por “el mercadillo” a escasos metros de la misma plaza, y más tarde definitivamente a favor de la actual plaza de España, al salvarse el arroyo conocido popularmente como Hondo o Pilancón, como se denomina en la cartografía, mediante la construcción de modestos puentes y su canalización definitiva. La centralidad se desplazó por tanto a la actual Plaza de España, donde convivían en su momento Ermita, Casa del Curato, la Casa del Álamo, donde se vendía el agua potable en cantaros y en “pipas”, el Cuartel de la Guardia Civil, la “Cruz de los Caídos” como consigna y sello ideológico de una época concreta,la casa del Alcalde, la única entidad bancaria local y una serie de caserones emblemáticos de agricultores con medianas y grandes propiedades rústicas, que se construyeron a mediados de la década de los cincuenta del siglo XX. Nunca tanto poder en tan poco espacio.

Lo que sucedió a la Plaza de la Iglesia ubicada en el “Barribalto”, la más antigua y la primitiva plaza de la localidad, la perdida de centralidad y funcionalidad se puede volver a repetir, en la actualidad con la Plaza de España, ya se ha iniciado el proceso con la aparición de nuevos espacios urbanos que pueden, o están cuestionando la actual centralidad de dicha Plaza. La pérdida de centralidad de un espacio urbano viene acompañada por la degradación paulatina del entorno y del caserío, el envejecimiento de los residentes, abundando las casas deshabitadas.

Mientras las plazas de la periferia han conservado su nombre tradicional, las del centro de la urbe han sido siempre codiciadas por los poderes políticos y han sufrido a lo largo de su historia mudanzas en la denominación oficial, bautizándolas con el nombre de un glorioso militar, estadista o político. Capricho momentáneo de los que han detentado el poder político en un momento concreto. Tanta mudanza en la denominación de las mismas, lleva a confusión, lo que no ha hecho más que reafirmar el nombre por el cual dicha plaza es conocida popularmente, a pesar del empeño del devenir político e histórico de apropiarse de la misma.

ESPACIOS ACOGEDORES Y DE CONVIVENCIA.

Espacios acogedores y de convivecia.Para cumplir las plazas la función social, donde la sociedad rural se encuentra y desarrolla en parte su vida social, han de ser acogedoras, adaptándose en el diseño a la arquitectura del lugar, no desentonado con el entorno urbanístico y fundamentalmente se ha de tener en cuenta el microclima local y ubicación de las mismas, en definitiva han de ser sostenibles y funcionales, criterios lógicos que han de cumplir toda plaza que se aprecie como tal.

Estos criterios que hemos señalados en el párrafo anterior se encuentran esbozados en la Carta de Leipzig sobre Ciudades Europeas Sostenibles ( 02 de mayo 2007 ) de la Unión Europea, Creación y consolidación de espacios públicos de alta calidad, entre los que se encuentra los espacios urbanos de convivencia, tal como se recoge textualmente en los siguientes párrafos.

“La calidad de los espacios públicos, de los paisajes urbanos de creación humana y de la arquitectura y desarrollo urbanos, desempeña un papel fundamental en las condiciones de vida de la población urbana. Además, como factores de localización “blandos”, son importantes para atraer negocios de la industria del conocimiento, una mano de obra cualificada y creativa y para el turismo. Consecuentemente, la interacción entre la arquitectura y la planificación urbana y de infraestructuras, debe intensificarse para poder así crear espacios públicos atractivos y humanos, y lograr altos estándares en relación la medioambiente de vida, una Baukultur1. Baukultur ha de entenderse en el sentido más amplio de la palabra, como la suma de todos los aspectos culturales, económicos, tecnológicos, sociales y ecológicos que influyen en la calidad y en el proceso de planificación y construcción. Sin embargo, este enfoque no debería limitarse a los espacios públicos. Tal Baukultur es una necesidad para toda la ciudad y sus alrededores y tanto las ciudades y el gobierno deben hacer sentir esta influencia. Esto es particularmente importante para la conservación del patrimonio arquitectónico. Los edificios históricos, los espacios públicos y sus valores urbanos y arquitectónicos deben ser conservados.

La tarea de crear y garantizar infraestructuras y espacios urbanos bien diseñados, a la par que funcionales, ha de llevarse a cabo de forma conjunta por el estado y las autoridades locales, pero también por los propios ciudadanos y los agentes empresariales”.