Territorio y derechos sociales en Europa.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos ha propiciado la existencia de un importante marco normativo común a escala planetaria. A partir de su formulación y de otros acuerdos internacionales posteriores existe una clara tendencia a equiparar en derechos y deberes a todos los seres humanos; habiéndose convertido sesenta años después de su aprobación, en el principal referente normativo mundial compartido.

En Europa esta orientación ha evolucionado y avanzado mucho más que en otros conjuntos internacionales de similar escala.  La aprobación en 1950 de la Convención Europea de Derechos del Hombre, de la Carta Social Europea, en 1991 y de otros muchos acuerdos internacionales, en su mayoría auspiciados por el Consejo de Europa, crean un marco normativo compartido extenso y detallado, aunque de diversa eficacia jurídica .Por otra parte, el acervo comunitario ha ampliado enormemente este conjunto para los ciudadanos de la Unión Europea.

Esta tendencia no va a anular las especifidades en derechos y deberes que en el futuro estarán asociadas a los distintos Estados, e incluso a otros niveles políticos desprovistos de soberanía pero dotados con importantes grados de autonomía política y con capacidad para regular de forma específica aspectos concretos que afectan decisivamente a las condiciones de vida de las personas y a la convivencia en sociedad. Justamente, éste es uno de los grandes debates presentes en la Europa contemporánea: establecer hasta dónde debe llegar la acción normativa y gestora de cada uno de los niveles políticos existentes. Debate intelectual y real que conlleva numerosas consecuencias, alguna de ellas tan relevante como la formulación y aplicación  del principio de subsidiaridad.

Esta convergencia normativa europea es un factor decisivo del europeísmo, es decir, del nuevo vitalismo político que constituye y diferencia hoy al llamado “sueño político europeo” (J. Rifkin, 2004); pensamiento y práctica política que trata de oponerse al pesimismo sustentado en experiencias tan negativas como el lager, el gulag, Guantánamo, la intolerable situación del África subsahariana y los crecientes problemas ambientales. La idea de J. Habermás de Europa como “Unidad de destino”, la aspiración expresada a principios de la década de los 90 por M. Gorbachov de construir en el continente una auténtica “casa común” ; y la ampliación de la Unión Europea en el comienzo del siglo XXI, han supuesto importantes avances en esa dirección.