Recapitulación final.
Probablemente la complejidad de todo territorio mostrará siempre impactos, conflictos de ordenación y desequilibrios entre partes; pero lo importante es definir objetivos que permitan avanzar en la buena dirección, que corrijan daños y desigualdades estructurales o que detecten situaciones inaceptables. Todo ello promoviendo la cohesión territorial y fomentando el desarrollo de cada ámbito sin que se pierdan las características que lo hacen único.
Tal sería la finalidad a conseguir en relación con su identidad.
“Unión en la diversidad” fue el lema escogido para el proyecto de Constitución Europea con un sentido general que trasciende la dimensión territorial, pero válido también para ella. Conceder la debida importancia política al territorio y al paisaje es actualmente una de las bases imprescindibles para hacer real el acceso a unos derechos humanos ampliados en su contenido y hechos realidad para un mayor número de personas.
Desde la década de 1970 y especial-mente a partir de los años 90, con la generalización de los instrumentos relaciona-dos con la comunicación telemática se ha querido disminuir la importancia del territorio en la economía y, en general, en el devenir de las sociedades. Dicha consideración no es absoluta ni plenamente real, la influencia del territorio en los procesos vigentes reaparece con fuerza y con nuevos perfiles. Si existe la tendencia a la homogeneización de los lugares por efecto de la globalización, se produce la reacción diferenciadora. Si se cuenta con medios técnicos que reducen las distancias físicas, aparecen con frecuencia nuevas dificultades para recorrerlas con gozo. Si se paisaje alteran sustancialmente los espacios vitales, se encuentra en la valoración social del paisaje un nuevo instrumento para intentar recuperar sus cualidades.
Aunque todo sea contingente no hay un designio ni un final predeterminado, ni en modo ni en tiempo. Como señaló el gran poeta portugués Fernando Pessoa en su Libro del desasosiego tampoco se trata de creer en el género o la especie humana, porque los géneros y las especies no son cuestión de fe. Se trata simplemente de seguir poniendo los medios para solucionarlos conflictos presentes y propiciar nuevas mejoras.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos vislumbró la necesidad de prestar atención jurídica a las repercusiones que tiene el medio ambiente en la vida de las personas, desde entonces toda una nueva generación de derechos se ha ido desarrollando y se ha extendido a partes más numerosas de la humanidad, aunque también han aumentado los desequilibrios y las amenazas. En el momento presente las tendencias negativas parecen muy poderosas, pero la mejor posibilidad de afrontarlas sigue estando en la aplicación concertada de inteligencia y voluntad. En ese propósito, la protección, gestión y ordenación de los territorios y los paisajes, por su dificultad y su repercusión reclaman una atención prioritaria.
Leave A Comment