ALGUNAS CONCLUSIONES
El Olivar en el término municipal de Herrera es un cultivo eminentemente minifundista. No es cierto que la producción olivarera esté en manos de unas pocas familias, una afirmación que estadísticamente no es sostenible.
Son los pequeños agricultores los que han mantenido la tradición olivarera de la comarca, la vocación olivarera está mucho más acentuada en estos pequeños agricultores.
El olivar de regadío, aunque presente en todas las explotaciones según tamaño, es mayoritario en las explotaciones mayores de 30 has., salvo en el grupo de explotaciones comprendidas entre 40 has-49,99 has y 60 has-69,99 has, donde el regadío es solo residual. Pero el 70% de olivar de regadío lo aportan las explotaciones menores de 20 has.
En una comarca con altas tasas de paro, el olivar suponía una fuente de ingresos múltiple para el pequeño agricultor: venta de producto, jornales en la propia explotación, venta de su fuerza de trabajo, acceso a subvenciones y prestaciones.
Existe una apuesta arriesgada por el monocultivo olivarero. Más aún cuando el regadío en las tierras cerealistas o calmas es mayoritario con el 51,2% del regadío total.
Nos encontramos con un envejecimiento del empresario agrícola en general y del olivarero en particular. La ruptura generacional es manifiesta.
El olivar ha sido considerado un cultivo cómodo (sin muchos problemas en relación a otros cultivos como la horticultura)” propio de viudas, y ahora de jubilados“. Esto ha supuesto que todo intento de introducir nuevos cultivos más intensivos ha fracasado. La falta de experiencia; falta paradójicamente de mano de obra joven, a pesar de las tasas elevadas de desempleo; el envejecimiento del empresariado agrícola; y el no existir necesidades de complicarse la actividad con otros cultivos; y en algunos casos por el fuerte tutelaje de las administraciones ha impedidco la busqueda de cultivos alternativos.
El peso que tiene el colectivo de pequeños propietarios como olivareros de secano o regadío no se ve refelejado en las distintas entidades agrarias como comunidades de regantes, cooperativas de primer o segundo grado. “Su poder de decisión es escaso, solo testimonial y muchas veces de simple comparsa“, como confesaba un pequeño agricultor en una entrevista en profundidad.
Lo apuntado en párrafos anteriores nos plantea unas dudas:
¿ Si cambia algunos de los elementos anteriormente mencionados, el pequeño agricultor seguirá apostando por este cultivo del olivar?.
¿ Si los pequeños agricultores de menos de 30 has. abandonan el cultivo de la tierra , las cooperativas olivareras serían viables económicamente?.
Herrera, 16 de noviembre de 2020
Ramón Ortiz Benjumea, geógrafo, master en desarrollo rural y comarcano
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